Reí.
Comí los manjares permitidos.
Y lo que no era permitido,
también lo sentí.
Y viví.
Se regocija mi corazón
al pensar en aquellos años.
Qué dulce era el vino.
Qué energía había en tu cuerpo,
y qué bien se entendía con el mío.
Las luces rojas aún viven en algún lugar de mi cabeza.
Entre el miedo y el deseo,
entre el recuerdo y el silencio.
Siempre el silencio.